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NUESTRO CEREBRO SE INVENTA LA REALIDAD

Nosotros damos por supuesto de forma inconsciente que todo lo que percibimos con nuestros sentidos es totalmente real, de hecho, para nosotros la realidad es lo que percibimos y lo que sentimos, sin embargo, como veremos en este artículo, esta "realidad" es en gran medida inventada por nuestro cerebro. El cerebro recibe estímulos exteriores e interiores, los procesa y manipula y elabora una respuesta. Esto no quiere decir, como muchos interpretan incorrectamente, que no exista una realidad ahí fuera independiente de nuestros sentidos, lo que significa es que la realidad de ahí fuera no es la que nos describe nuestro cerebro. Además, como veremos, esto tiene otra consecuencia sorprendente: cada persona puede interpretar la realidad de forma diferente, o al menos, con una intensidad diferente.


La realidad de nuestros sentidos


La vista es sin duda nuestro sentido más importante para captar el mundo exterior. Los objetos de nuestro alrededor son captados por nuestros ojos al reflejar la luz que incide sobre ellos. En función de varias de las características de la luz recibida el cerebro estima la forma, el tamaño, el color y la distancia a la que está el objeto. Sin embargo, aunque nuestros ojos y nuestro cerebro han evolucionado durante millones de años consiguiendo ser órganos increíblemente eficientes, distan de ser perfectos. La cantidad de datos emitidos por el mundo exterior es inmensa por lo que nuestro cerebro esta "diseñado" para captar solo la parte más relevante para nuestra supervivencia. Está demostrado que nuestro cerebro es capaz de procesar con mucha precisión una reducida zona de la retina llamada fovea pero que esa precisión se va perdiendo a medida que nos alejamos de la zona de enfoque y que para distancias relativamente grandes el cerebro extrapola los datos visuales rellenando los huecos en los que no tiene datos visuales, es decir, el cerebro se "inventa" datos visuales en aquellas zonas (similares a los "pixels" de una pantalla) en las que no alcanza a percibir. Esta "deficiencia" a la hora de procesar datos visuales se pone de manifiesto en la gran cantidad de efectos e ilusiones ópticas que existen y que los magos utilizan para "engañar" a nuestra mente.


Por razones de supervivencia, somos capaces de "captar" lo que sucede en un rango de 180º delante de nosotros pero en zonas muy alejadas del foco visual solo captamos "el movimiento de algo". Eso explica porque podemos captar algo que se mueve a nuestra derecha aunque estemos leyendo un libro aunque que luego al mirar instintivamente nos demos cuenta de que no hay peligro: el cerebro alerta y luego el foco del ojo concreta el objeto en cuestión.


El cerebro también falla a veces a la hora de estimar la distancia y forma de los objetos: La ilusión de la gran luna llena Por otro lado, el cerebro se inventa los colores, los colores no existen en la naturaleza: ¿Existen los colores en la naturaleza?


El olfato es un mecanismo producido por la evolución para evitar consumir alimentos en mal estado. Es fácil darse cuenta de la importancia de este sentido en tiempos pasados en los que no existían aparatos como el frigorífico: cualquier alimento en descomposición podría matarnos. Debido a esto, la evolución produjo unas células sensibles a ciertos tipos de sustancias químicas. Las bacterias, al descomponer la materia orgánica liberan ciertos productos químicos característicos que son detectados por las células pituitarias, las cuales envían al cerebro la señal de "olor desagradable: peligro, no ingerir". Por el contrario, los alimentos cocinados en buen estado, o ciertas plantas comestibles con alto valor energético envían otra señal indicando lo contrario: "olor agradable, energía, ingerir". Sin embargo, lo que debe quedar claro, es que el olor en si, la sensación que produce, no existe en la naturaleza. Lo que realmente existen son diversas sustancias químicas que se producen en unas circunstancias determinadas y que el cerebro interpreta como beneficiosas (buen olor) o perjudiciales (mal olor) para nosotros. No existe la molécula del buen olor o la molécula del mal olor, las moléculas no huelen, el olor es una invención de nuestro cerebro. El olfato está muy ligado al sentido del gusto.


El gusto tiene una función totalmente análoga a la del olfato: detectar alimentos ricos en energía como los que contienen azúcares y rechazar los menos nutritivos o los potencialmente perjudiciales. Por esto, las células de las papilas gustativas detectan

determinadas sustancias químicas presentes, por ejemplo, en los azúcares y envían una señal al cerebro que interpreta como "agradable: ingerir" o "desagradable: rechazar". De nuevo, se puede apreciar que el sabor no existe en la naturaleza, las moléculas del azúcar no tienen sabor, el sabor es una invención de nuestro cerebro. ¿Cuantas veces ha preparado la misma comida (por ejemplo una tortilla de patatas) y se ha dado cuenta de que la misma comida sabe distinta si la comes en casa o fuera de ella (por ejemplo en el campo, en un ambiente agradable y con unas bellas vistas)?

Se ha comprobado que existen personas que son más sensibles a los sabores que otras. La evolución puede haber potenciado esta capacidad en aquellas zonas o en aquellos individuos en los que este sentido era más necesario. Esto constituiría una prueba de que las personas pueden percibir la "realidad" de formas distintas o con diferente intensidad. De hecho se sabe que comidas que son muy agradables para los asiáticos son percibidas por los europeos como muy desagradables.


La realidad de nuestros sentimientos


Cuando tenemos hambre o sed, notamos una sensación muy característica, bastante desagradable, que nos indica que tenemos que ingerir agua o comida. Mientras ingerimos alimentos o bebemos el agua notamos una sensación agradable que nos indica que estamos bajando nuestros niveles de hambre o sed. Las sensaciones de hambre o sed son el producto de señales indicadoras de aviso que produce nuestro organismo y que son enviadas al cerebro: "peligro: bajos niveles de energía", "peligro: nivel de agua bajo".


La sensación de intenso placer generada mientras practicamos sexo, es recreada por nuestro cerebro para inducirnos a intercambiar nuestros genes con otro individuo del sexo contrario (o al menos para practicar el acto sexual). Como es sabido, esto es el fin principal de todo organismo vivo: reproducirse, y nuestros genes, que controlan nuestro organismo, no son una excepción. La sensación de enamoramiento, también es recreada por nuestro cerebro para fomentar el deseo de estar con nuestra pareja.


Otras sensaciones primarias, que tantas desgracias han causado, son la ira y la venganza y tienen la función de responder ante una afrenta con el objetivo de mantener nuestra autoestima y nuestro status social, cualidades muy necesarias para la supervivencia.


Existen sensaciones más complejas como la frustración, la felicidad, la melancolía, el amor paterno o materno, la solidaridad, el placer de resolver un problema... estas sensaciones tienen su origen en nuestra compleja interacción con el entorno y con la sociedad y tienen el objetivo de producir la respuesta más conveniente para nosotros (y para nuestros genes). Por ejemplo la frustración por no haber conseguido algo es debida a que nuestro cerebro genera una sensación positiva cuando ganamos o conseguimos lo que buscamos y una negativa cuando es al contrario. Esto tiene la clara función de fomentar que luchemos siempre por ganar y conseguir nuestros objetivos, en un pasado esto supondría la diferencia entre la vida o la muerte. Todo esto viene a señalarnos que nuestros sentimientos también son una "invención" de nuestro cerebro.


Conclusiones


El hecho de que nuestro cerebro produzca todas nuestras sensaciones y se invente gran parte de lo que percibimos nos indica que nuestro "mundo interior" es diferente del "mundo exterior". Sin embargo, hay que aclarar dos cosas:


- El mundo exterior existe independientemente de como lo percibamos nosotros, Para la mayoría de fines prácticos cotidianos nuestros sentidos son totalmente eficaces para interaccionar con el entorno, a fin de cuentas, un árbol sigue siendo un árbol aunque el verde de sus hojas sea una invención de nuestro cerebro.


- Nosotros somos nuestro cerebro, nuestro genoma y el producto de la interacción de ambos con el entorno. Para nosotros los sentimientos, las emociones, los sabores y los colores son reales aunque sepamos que no existen en la naturaleza. Podemos decir que éstos tienen una existencia epistemológica aunque no ontológica. Por esto, en vez de sentirnos incómodos al descubrir que nuestros sentimientos son algo "artificial" debemos sentirnos maravillados de como la naturaleza ha podido desarrollar seres tan complejos y fascinantes como nosotros. Nuestro cerebro es el órgano más complejo y poderoso que existe en el Universo conocido y nos permite realizar tareas increíbles.

Entender como la naturaleza ha llegado a tal nivel de complejidad y sofisticación será fundamental para entender quienes somos y como funciona nuestro cuerpo y nuestra mente, este conocimiento podrá librarnos de las enfermedades, mejorará nuestra calidad de vida y nuestra relación con el entorno, nos revelará las leyes naturales que rigen la naturaleza y podrá quizás, en un futuro, salvar a nuestra especie de su extinción.